En el corazón de las montañas dominicanas, donde el desarrollo suele llegar con lentitud, surgen líderes cuyo trabajo se convierte en el cimiento del progreso. Uno de ellos fue Jesús del Carmen Galván —profesor, comunicador y líder social— cuyo legado perdura más allá de su partida física el 29 de junio de 2024.
Su muerte no pasó desapercibida. En Jarabacoa, donde ejerció como Director del Distrito Educativo 06-03 y como Director Municipal de la Cruz Roja Dominicana, su pérdida conmovió a la comunidad al punto de que el ayuntamiento local declaró dos días de duelo. Pero su huella se extendía aún más lejos, hacia Constanza, donde desde joven realizó una intensa labor altruista que marcó su vida.
Aunque su nombre resonaba en varias comunidades, fue en el Distrito de Tireo donde su visión cobró mayor fuerza. Jesús del Carmen Galván no solo soñó con un futuro mejor para esta zona; lo construyó. Fue:
· Propulsor de la elevación de Tireo a Distrito Municipal, un logro que se materializó con la Ley 49-93 en 1993.
· Fundador del Liceo Darío Peña Suriel, una obra que reflejaba su convicción de que la educación es la base del desarrollo.
· Partícipe clave en la organización comunitaria, incluyendo el comité del centenario de Constanza como municipio.
Recientemente, Tireo alcanzó un nuevo hito: su elevación a municipio mediante la Ley 11-24. Este logro, que hoy celebra la comunidad, tiene raíces en el esfuerzo de líderes como Galván, quienes comprendieron que el progreso requiere de gestión, tenacidad y una fe inquebrantable en la gente.
La vida de Jesús del Carmen Galván no fue solo una sucesión de cargos o logros, sino un testimonio de compromiso social y educativo. Su labor en Tireo y Constanza refleja:
· Visión de futuro: Entendió que el desarrollo local requiere tanto de gestión política como de formación humana.
· Altruismo como motor: Su trabajo en la Cruz Roja y su labor filantrópica demuestran que su compromiso era con las personas, no con los reconocimientos.
· Educación como herramienta de cambio: Al fundar el Liceo en Tireo, no solo creó un espacio físico, sino una puerta hacia oportunidades para generaciones futuras.
Hoy, mientras Tireo se consolida como municipio y sus calles llevan implícito el esfuerzo de años, la figura de Jesús del Carmen Galván se erige como un recordatorio de que los verdaderos líderes son aquellos que siembran con paciencia, sin esperar ver la cosecha. Su historia es un llamado a continuar su obra: construir comunidades más justas, educadas y unidas.
Como él, hay muchos que trabajan en silencio. Recordarlos es honrar no solo su memoria, sino también el espíritu de servicio que los movió.
El legado de Jesús del Carmen Galván en Tireo y Constanza encarna las palabras «Bien hecho, buen siervo y fiel», pues su siembra callada de educación y progreso -desde fundar el Liceo Darío Peña hasta su labor altruista- hoy florece en comunidades transformadas, demostrando que la verdadera grandeza reside en servir desinteresadamente y transformar vidas.
