Por José Zabala, creador de contenido
New York. — La celebración de los Reyes Magos, una de las tradiciones más queridas del calendario cristiano y cultural en el mundo hispano, parece haber perdido brillo frente al avance vertiginoso de la tecnología, el predominio de la música urbana y el cambio en las dinámicas familiares. Donde antes había zapatos junto a la puerta, cartas escritas a mano y relatos cargados de ilusión, hoy abundan pantallas, videojuegos, redes sociales y deseos inmediatos. La pregunta surge con fuerza: ¿qué significa hoy el Día de Reyes para los niños del siglo XXI?
Niñez, tecnología y una ilusión en transformación
Los niños actuales crecen inmersos en un entorno digital que acelera expectativas y acorta la espera. La magia de “aguardar” se diluye cuando el entretenimiento es constante y el regalo puede llegar con un clic. Además, la música urbana —con mensajes que muchas veces priorizan el consumo y la inmediatez— desplaza relatos tradicionales que requerían silencio, imaginación y tiempo compartido en familia.
Para muchos hogares, el 6 de enero pasó de ser una noche de esperanza a una fecha simbólica sin el ritual de antaño. Sin embargo, más que una pérdida absoluta, se trata de una transformación: la tradición compite con nuevos lenguajes y hábitos.
¿Qué dice la Biblia sobre los Reyes Magos?
El relato bíblico aparece en el Evangelio según San Mateo (2:1–12). La Escritura no los llama “reyes” ni fija su número, pero la tradición cristiana los identifica como sabios de Oriente que siguieron una estrella para adorar al Niño Jesús. Ofrecieron oro, incienso y mirra, dones cargados de significado espiritual: realeza, divinidad y sacrificio.
“Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron” (Mateo 2:11).
El mensaje central no es el regalo material, sino la búsqueda, la fe y la humildad. Los Magos representan a quienes, desde distintos caminos, reconocen la luz y se ponen en marcha.
Tradición cultural: más allá del regalo
En la cultura latinoamericana y caribeña, el Día de Reyes fue por décadas un acto pedagógico: enseñaba a esperar, a compartir y a agradecer. En muchos países, la Rosca de Reyes, los cuentos familiares y las representaciones comunitarias reforzaban la identidad y el sentido de pertenencia.
Hoy, cuando la infancia está marcada por estímulos permanentes, recuperar el relato puede ser más efectivo que competir con la tecnología. Contar la historia, explicar los símbolos y vincular la tradición con valores actuales —solidaridad, empatía, respeto— devuelve sentido al rito.
Tres voces, tres miradas
María Rodríguez (madre, Washington Heights):
“Mis hijos saben quiénes son los Reyes Magos, pero la emoción no es la misma. Aun así, en casa tratamos de contar la historia y enseñar que no todo es regalo; también es fe y familia.”
Carlos Mejía (educador, El Bronx):
“Los niños viven en un mundo inmediato. Si no explicamos el significado cultural y espiritual, la tradición se pierde. La escuela y la familia deben trabajar juntas.”
Doña Ana Pérez (abuela, Queens):
“Antes era una noche sagrada. Ahora hay menos silencio. Pero mientras haya alguien que cuente la historia, los Reyes no desaparecen.”
¿Se ha perdido el impacto cultural?
Más que perderse, se ha debilitado por falta de transmisión consciente. La tradición no sobrevive sola: se enseña. En tiempos modernos, el reto no es rechazar la tecnología ni la música urbana, sino integrarlas sin borrar la raíz. Un video animado sobre los Reyes, una canción infantil contemporánea con contenido, o una actividad comunitaria pueden renovar la experiencia.
La celebración de los Reyes Magos enfrenta uno de sus mayores desafíos en la era digital. Sin embargo, su esencia sigue viva allí donde padres, abuelos y educadores deciden contar la historia, explicar la fe y rescatar el valor de la espera. En un mundo acelerado, los Reyes Magos nos recuerdan que caminar con propósito, guiados por la luz, sigue siendo un acto profundamente humano.
Por José Zabala, creador de contenido / Promoviendo el arte, la cultura y el orgullo latino en la diáspora.
