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El Guardián de la Alegría: El Momento de Carlucho

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Constanza, 23 de enero 2026. — El salón de eventos de Moncarlo Restaurant fue el escenario para la confirmación y coronación del Rey Momo del Carnaval Constanza 2026.

En este acto simbólico la comunidad fue convocada ya que el carnaval es el espejo de una identidad viva, el punto de encuentro donde el pueblo, sus instituciones y sus líderes tejen, un año más, la memoria y la celebración de una sola forma.

Y en el corazón de esta noche, late un momento singular: la coronación del Rey Momo. No es un título ceremonial; es la entrega de un cetro simbólico al custodio del júbilo. Por decisión unánime, ese cetro recaerá, una vez más, sobre los hombros de un hombre que lleva la fiesta en la sangre: Carlos Matías Quezada, “Carlucho”, conocido por todos como “El Rey Momo Moncarlo 47+1”.

Su elección es un reconocimiento a una vida de entrega. Carlucho no viste la capa de Rey Momo solo en febrero; la lleva puesta todo el año en su labor incansable como promotor del turismo cultural y defensor acérrimo de las tradiciones locales. Él es el puente entre la raíz profunda de la costumbre y la proyección de Constanza hacia el mundo. Con una pasión que traspasa montañas, ha ayudado a transformar el carnaval en un imán que atrae miradas hacia la riqueza de esta tierra. Su coronación es la promesa de que, bajo su reinado simbólico, la alegoría, la sátira y la celebración desbordante estarán en buenas manos.

¿Qué representa el Rey Momo en la tradición carnavalesca dominicana?

En la tradición dominicana, el Rey Momo es una figura simbólica central y antitética. Encarna el espíritu mismísimo del carnaval: la irreverencia, la sátira, el desenfado y el gobierno temporal del caos festivo. Su origen se remonta a la mitología griega (Momus, dios de la burla), pero en el contexto criollo adquirió una connotación poderosa.

Históricamente, durante el periodo colonial y los primeros años de la República, su elección solía ser una sátira política. Se elegía a un personaje popular para que, con humor y máscara, «gobernara» críticamente durante los días de carnaval, invirtiendo el orden establecido y permitiendo al pueblo expresarse libremente a través de la burla.

Hoy, aunque menos enfocado en la crítica política directa, el Rey Momo conserva su esencia como maestro de ceremonias y soberano de la alegría. Es el anfitrión máximo de las festividades, el responsable de «declarar abierto» el jolgorio y de encarnar la energía desbordante de la celebración. Su elección recae en personas de arraigo popular, carisma y un compromiso probado con la cultura local, como es el caso de Carlucho. Así, el título trasciende lo ceremonial para convertirse en un reconocimiento a un guardian de la tradición, un líder que asegura que el verdadero espíritu del carnaval—crítico, festivo, identitario—nunca se apague.

La conducción estuvo a cargo de Edwin Quiroz Cruz y Frarman García.

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