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Juan Pablo Duarte y Diez (26 de enero de 1813 – 15 de julio de 1876)

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Juan Pablo Duarte: la patria como principio y compromiso. Roland Barthes. Conocido por su idea de que el sentido de un texto no depende solo del autor, sino del lector.

Quisqueya, hoy está de júbilo al celebrar dos siglos y trece años del nacimiento de Juan Pablo Duarte y Diez, padre por excelencia de la ideología independentista. Abordar la figura del patricio es situarse en el plano de la comprensión de la identidad en el marco de la rivalidad de sectores de clases, en torno a la concepción de la Nación Dominicana, por eso la perspectiva duartiana está plasmada en la dimensión del Estado Republicano, sin inscribirse en adhesión a potencia imperial o nación particular.

A 213 años de su natalicio, su figura vuelve a interpelarnos no solo como Padre de la Patria, sino como conciencia moral de la nación. Duarte soñó una República libre, justa y soberana, pero sobre todo digna. Y la dignidad, ayer como hoy, se construye con educación, con pensamiento crítico y con instituciones que sepan alzar la voz cuando la patria lo necesita. No hubo en él espacio para la indiferencia frente a la injusticia ni para el silencio cuando el bien común estaba en juego.

Duarte no fue un hombre de silencios cómodos. Su vida fue una entrega constante al ideal, aun cuando el costo fue el exilio, la incomprensión y el abandono. Por eso resulta inevitable preguntarnos, en este aniversario, qué tan fieles estamos siendo a su legado cuando el sistema educativo, columna vertebral del desarrollo nacional, atraviesa tantas situaciones críticas y, frente a ellas, prevalece el silencio de quienes están llamados a representar y defender al magisterio.

La ADP, como organización histórica y combativa, ha sido en otros tiempos voz, escudo y conciencia del profesorado dominicano. Sin embargo, hoy, ante múltiples realidades que afectan a docentes, estudiantes y comunidades educativas, ese silencio pesa; estaría de más puntualizar o señalar tantas situaciones que nos aquejan. Este gremio, en los últimos dos años, solo sabe decir: “la evaluación del desempeño ya será una realidad”. Pesa especialmente en municipios como Constanza, donde las dificultades se sienten de manera directa y cotidiana, y donde la ausencia de una postura clara se traduce en desamparo. Se culminó el 2025, donde la comunidad educativa no fue convocada a una asamblea para discutir temas relevantes a nuestra realidad y entorno.

En ese mismo orden, iniciamos un nuevo año, con la primera situación, donde los docentes preguntaban qué día vamos a iniciar docencia en Constanza; por suerte llegó la comunicación de otro lado, dando respuesta, antes de que se pronunciara el CEM. El silencio, cuando se normaliza la injusticia, no es neutral. Duarte lo sabía. Callar frente a lo que hiere la educación es permitir que se debilite la patria que él ayudó a fundar. Honrar su natalicio no es solo recordarlo en actos y discursos vacíos, sino asumir su valentía ética, su compromiso con el bien común y su coherencia entre palabra y acción.

Nuestra escuela no está en la Luna, está inserta en esa sociedad de privaciones y degradaciones. Los sujetos escolares (docentes y estudiantes), están cruzados por la pobreza material, ética, moral y espiritual de la sociedad de hoy. Ellos están permanentemente emplazados a ser diferentes a la maleza social imperante. ¿Y cómo? La optimización de los aprendizajes y los escenarios escolares tiene un alto componente en la esfera de los valores humanos y las actitudes positivas. Ambos arrinconados por los valores del mercado y las actitudes negativas. El acto de enseñar y la disposición a aprender tienen un escenario social; tienen como combustible el interés y el compromiso.

Se observa que hoy esos componentes son precarios (el medio socialmente favorable, el interés y el compromiso), precisamente por haber una sociedad basada en el lucro, la banalidad y la vida fácil. Se instaló un «dejar hacer y un dejar pasar» que afecta severamente el trabajo docente y los aprendizajes formales. Todo el ambiente descrito es creado por los valores del mercado del propio sistema político, que a la vez sirve para culpabilizar de los «bajos resultados» a las víctimas (docentes, estudiantes, familia) y «justificar» la privatización de la educación y el desmantelamiento de los derechos y de la actual Carrera Docente con todos sus atributos (la estabilidad y seguridad social del magisterio).

A finales del siglo XX y, un cuarto de siglo XXI, la ADP, ha tenido que enfrentar diversas problemáticas en el sistema educativo. Desde la década de los años 90 la escuela dominicana estaba en la agenda de poderosos sectores económicos nacionales e internacionales, pero para esa época no pudieron entrar por la fortaleza del sindicato docente (ADP) y la participación muy activa de importantes sectores políticos, económicos, sociales, sindicales, académicos e intelectuales que asumían con vehemencia una escuela pública de calidad servida por el Estado.

Honrar a Duarte implica asumir su legado con coherencia: defender la educación como pilar de la República y comprender que el silencio institucional, ante situaciones que afectan el derecho a educar y aprender, debilita el ideal de nación justa y soberana que él soñó. Que este 213 aniversario sea una invitación a recuperar la voz, a reencontrarse con el rol histórico, y a entender que defender la educación es, en esencia, defender la nación. Porque una patria que educa en silencio frente a sus propias heridas, se aleja peligrosamente del ideal duartiano de una República verdaderamente libre y justa.

Son tantas las formas de vida que aún nos faltan emprender para emular a Juan Pablo Duarte y Diez; este escrito lo dejo como ejercicio cívico e histórico a todos los dominicanos y a las dominicanas, especialmente a los protagonistas de la enseñanza, los docentes, que se preocupan por transformar y superar las maledicencias que nos ha tocado vivir por décadas.

Dionisio Páez Batista
Coherencia Sindical
dionisio.paez@docente.edu.do

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