Inicio Actualidad La política que puede ahorrar dinero público sin construir una sola obra

La política que puede ahorrar dinero público sin construir una sola obra

Datos geoespaciales para ordenamiento territorial, gestión de riesgos y decisiones con evidencia

26
0

Hay políticas públicas que prometen desarrollo construyendo. Esta propone algo menos visible, pero muchas veces más rentable: ahorrar dinero público ordenando la información con la que el Estado planifica el territorio. La Política Nacional de Datos Geoespaciales no es un documento “de mapas”; es una propuesta de gobernanza para que los datos del territorio dejen de ser un rompecabezas institucional y se conviertan en infraestructura pública útil, interoperable y sostenible.

Cuando hablamos de datos geoespaciales, hablamos de información vinculada a una ubicación: límites, vías, hidrografía, relieve, uso y cobertura del suelo, equipamientos, redes de servicios, áreas de riesgo y, donde aplique, parcelario y catastro. No son gráficos para presentar; son insumos para decidir. Y cuando esos insumos existen, pero no circulan bajo reglas comunes, aparece una factura silenciosa: el Estado paga varias veces por lo mismo y, peor aún, toma decisiones con evidencia fragmentada.

En la práctica, el país ha operado durante años con datos dispersos, procesos duplicados y acceso burocrático a información territorial. Cada institución termina resolviendo “por su lado”: levanta otra vez inventarios de caminos vecinales, repite diagnósticos de drenaje pluvial, vuelve a contratar delimitaciones de sectores, produce nuevas capas de puntos críticos de riesgo o rehace mapeos de luminarias, de aceras y contenes, de rutas de residuos o de infraestructura básica, aun cuando ya hubo esfuerzos previos en otras entidades. Esa repetición suele verse como trabajo técnico, porque se entrega un producto, se ejecuta un contrato y se “hace algo”. Sin embargo, cuando se hace sin repositorios confiables, sin estándares y sin obligación de publicar, deja de ser esfuerzo y se convierte en duplicidad presupuestaria.

El problema no es la falta de tecnología. Se puede tener portales, servidores y visores, y aun así no tener sistema. Un sistema existe cuando hay datos oficiales publicados y localizables, metadatos que permitan entender su origen y su calidad, estándares comunes para integrarlos, y una rutina institucional que garantice actualización y mantenimiento. Sin esa disciplina, las plataformas terminan pareciéndose a vitrinas: se ven modernas, pero no generan reutilización real, ni trazabilidad, ni confianza técnica para diseñar y presupuestar con precisión.

Aquí entra el núcleo de la política: interoperabilidad y calidad. Cuando cada entidad produce información con diferentes sistemas de coordenadas, escalas, formatos, catálogos y criterios de validación, el país pierde la posibilidad de integrar capas y cruzar evidencia. Y cuando la interoperabilidad falla, el daño no se queda en el SIG; se traslada a permisos, diseños, presupuestos y plazos. La planificación se vuelve frágil: se tarda más, se discute más, se corrige tarde y se decide con menos precisión. El costo no se reduce al dinero, se paga también en retrasos, sobrecostos, conflictos interinstitucionales y proyectos que nacen con una base débil.

En un país donde el territorio define acceso al agua, expansión urbana, presión ambiental y exposición a amenazas naturales, administrar con datos débiles equivale a administrar con incertidumbre. Esa incertidumbre es cara, porque obliga a rehacer análisis, reubicar intervenciones, renegociar decisiones y justificar con prisa lo que debió sustentarse con evidencia desde el inicio. La frase incómoda, pero realista, es esta: cuando el Estado decide con datos dispersos, no solo gasta más; también se equivoca más, y la corrección siempre es más cara que la prevención.

Donde esa fragilidad se vuelve más evidente es en el nivel local. Muchos gobiernos municipales operan con limitaciones de equipamiento, formación y capacidad instalada para gestionar información georreferenciada con calidad. Esto crea dependencia y, en ocasiones, resignación: el municipio necesita planificar, pero no siempre puede producir datos, ni acceder a datos existentes con facilidad, ni convertirlos en información útil para la gestión diaria. Cuando eso ocurre, la planificación local queda condicionada por urgencias, intuición o documentos que no dialogan entre sí. Si la política se ejecuta como corresponde, el municipio deja de ser el último en enterarse del territorio y puede sostener decisiones con evidencia: permisos mejor fundamentados, priorización más justa de obras, defensa técnica más sólida ante conflictos de uso de suelo y una gestión del riesgo menos improvisada.

La viabilidad de la política no depende de promesas grandilocuentes; depende de decisiones concretas y sostenidas. Se necesita un esquema de gobernanza simple y funcional: una instancia rectora que fije normas, estándares y coordinación; instituciones custodias responsables de producir y mantener capas oficiales con calidad definida; e instituciones usuarias que consuman servicios, retroalimenten necesidades y reporten brechas. Esta arquitectura se resume en un principio que debería ser norma de gestión: el Estado debe invertir una vez y reutilizar muchas.

Para lograrlo, conviene priorizar con método. Primero, las capas de referencia sobre las que todo se apoya: límites, vialidad, hidrografía, relieve, uso/cobertura del suelo, equipamientos, servicios y amenazas/riesgos. Después, las capas temáticas que dependen de proyectos y sectores, con ciclos de actualización definidos. Sin una base común, cada plan parte de una realidad distinta, y en política pública esa diferencia es el punto de partida del desperdicio.

El avance debe ser medible, o no será política: será retórica. Indicadores simples bastan para demostrar cambio real: cuántas capas base están publicadas como servicios reutilizables; cuánto tarda una institución en localizar y obtener información territorial oficial; cuántas entidades consumen los mismos servicios en lugar de producir duplicados; con qué frecuencia se actualizan capas críticas; cuántos levantamientos repetidos se reducen; cuánto se acorta el tiempo de análisis y cuánto mejora el soporte técnico de decisiones y proyectos. Si no se mide, el país seguirá pagando la duplicidad con presupuestos y con tiempo.

La política también debe incorporar una salvaguarda madura: datos abiertos cuando corresponda, con criterios de seguridad, privacidad y uso responsable para información sensible. La transparencia no es desorden; es acceso con reglas, trazabilidad y responsabilidad.

En síntesis, esta política no compite con el cemento: lo protege. Cada obra que se decide con información territorial sólida tiene más posibilidades de ubicarse bien, diseñarse mejor, costar lo justo y responder a una necesidad real. El verdadero ahorro ocurre cuando el Estado deja de pagar por la descoordinación, reduce duplicidades, acelera decisiones y fortalece la transparencia.

El cierre, entonces, debe ser directivo. Si queremos que esto deje de ser un buen documento y se convierta en ahorro real, hay tres decisiones que no admiten postergación: publicar capas base oficiales como servicios reutilizables; obligar estándares y metadatos para todo dato territorial financiado con fondos públicos; y medir, con indicadores públicos, la reutilización efectiva frente a la duplicación. La política será exitosa cuando el país deje de comprar el mismo territorio dos veces.

La información analizada en el presente artículo fue recopilada y sistematizada a partir de fuentes institucionales de acceso público y documentos oficiales, incluyendo la Política Nacional de Datos Geoespaciales del Instituto Geográfico Nacional “José Joaquín Hungría Morell” (IGN-JJHM), los recursos y lineamientos disponibles en el Geoportal/Infraestructura de Datos Espaciales de la República Dominicana (IDERD), y materiales técnicos divulgados por entidades públicas vinculadas a la planificación, el ordenamiento territorial y la gestión del territorio. El enfoque, análisis y conclusiones son de elaboración propia.

El Debido Proceso RD © 2026 Darlin Tiburcio. Todos los derechos reservados.
Se autoriza la reproducción parcial del texto con fines educativos, institucionales o de divulgación, siempre que se cite correctamente la fuente y el autor.
Colección: Territorio y Nación – Ensayos sobre Desarrollo Municipal, Político y Social.

Loading

Artículo anteriorEscogen Ariel Acosta jugador más valioso serie final cuarto torneo libre Liga Los Chevitos Copa Pescadería Wanda

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí